Algo nuevo siempre vas a encontrar en un fanzine. Una banda, algún/a dibujante, por ahí un escritor/a, las páginas de Lima Enferma (LE), aún siendo críticas no suenan a ese resentimiento rancio que suelen tener algunas publicaciones de este tipo, que al final de cuentas es un resentimiento válido pero que, no se puede negar, aleja a muchas personas de la lectura de fanzines, LE sin llegar a ser un fanzine familiar (La sola idea de algo así no deja de ser divertida), tiene esa dosis de humor, de fina cachita, pero sobretodo de arte y crítica que lo hace accequible a un público variado que seguro también compartirá con el fanzine la galería "Gente de mierda" (Habría que ver qué personajes faltan incluir ahí) que está en la página central del número 7, su más reciente entrega hasta el momento. miércoles, mayo 09, 2012
ARRIBA LAS MANOS: ESTO ES UN FANZINE
Algo nuevo siempre vas a encontrar en un fanzine. Una banda, algún/a dibujante, por ahí un escritor/a, las páginas de Lima Enferma (LE), aún siendo críticas no suenan a ese resentimiento rancio que suelen tener algunas publicaciones de este tipo, que al final de cuentas es un resentimiento válido pero que, no se puede negar, aleja a muchas personas de la lectura de fanzines, LE sin llegar a ser un fanzine familiar (La sola idea de algo así no deja de ser divertida), tiene esa dosis de humor, de fina cachita, pero sobretodo de arte y crítica que lo hace accequible a un público variado que seguro también compartirá con el fanzine la galería "Gente de mierda" (Habría que ver qué personajes faltan incluir ahí) que está en la página central del número 7, su más reciente entrega hasta el momento. lunes, abril 02, 2012
UNA MUJER FUERTE
Escribe Lisandro Murray.
No es bueno hacer la reseña de un libro. Muchas veces, confunden a quienes podrían haber tomado el libro sin más, e interiorizarse por sí mismos en el universo al que es invitado por el autor. Pero lo bueno es que no creo que haya una intencionalidad nefasta en el acto de reseñar. Tan solo interactúa una visión muy diferente a cualquiera, como tantas visiones hay por lector.
Entonces, que caradurés[1] vengo a practicar yo, para animarme a siquiera comentar este libro llamado Wara. Primero y principal me vi seducido por su nombre, nombre de mujer cómo las ciudades invisibles de Ítalo Calvino. Mujer fuerte imaginé, y así la perseguí página a página, hasta por fin encontrarla en el anteúltimo cuento de este libro. Así la deseé. Y ahí, al enfrentarme a ella, me di cuenta que el autor rompió con mis ideas en cuanto a lo de reseñar un libro se refiere. No era yo el que iba a inducir a ustedes, sobre un punto de vista, en cuanto a lo que Ronald Vega escribió. El mismo autor me estaba induciendo a mí. Creo que esa es la mayor virtud de Wara, un libro que se vale por sí mismo, lo que en estos tiempos ya es mucho decir.
Wara lleva la esencia del cuento latinoamericano, y ese fue otro de los motivos por los que me animé a reseñar este libro. Puedo verlo a Cortazar sonriendo desde alguna de las páginas, guiñándonos el ojo. E visto descripto, con singular maestría, esas escenas tan cotidianas de las tierras de Perú y Bolivia. Momentos que, tal vez para un argentino, pertenecen a un mundo extraño, a pesar de de la cercanía geográfica que tanto nos une. Vega logra una visión apartada de su entorno y de su propia historia, la mirada de un viajero. Los elementos fantásticos utilizados, no parecen más que la mera realidad. Otro gran escritor latinoamericano dijo que toda escritura es simbólica, qué importa que se hable de una ventana al mejor estilo de Benni y Calvino[2] o de una chola cantando para que nos comamos las lechugas. Es indistinto que utilice lo real o lo fantástico, el narrador amalgama cada una de las historias en una sola, logrando que hasta los finos toques de humor nos llenen de dolor y soledad.
En el último cuento del libro, no nos asombra que un payaso drogue niños para convertirlos en homicidas, eso tan solo es una consecuencia de la locura generalizada en la que vivimos. Una realidad oscura en que los niños son maltratados a diario. Pero Ronald Vega nos hace abrir los ojos. Nos clava esa astilla bajo la uña, una astilla afiladísima que toca el nervio justo para provocarnos una neuralgia de atención.
[1] Argentinismo: Acción de caradura (No tener vergüenza)
[2] Stefano Benni, escritor, dramaturgo y columnista italiano nacido en 1947 y Ítalo Calvino, escritor italiano nacido en Cuba en 1923, autor entre otros, de la trilogía medieval de “El Vizconde demediado”, “El barón Rampante” y “El caballero inexistente”.
Sobre el autor del texto:
Lisandro Murray nació un 4 de abril en la zona sur de Rosario, Argentina. Es fotógrafo, profesor de EGB y estudia Antropología en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Colabora con artículos varios en revistas latinoamericanas. Prologó y coprodujo la crónica Kozmik Tango (EMR, 2009). Tres fotos de su autoría están incluidas en el libro Rosario, esta ciudad (EMR, 2010). Publicó su primera novelaSonderzeit, las rajaduras en el tiempo (Ediciones Soquete Terrorista 2011) Su correo electrónico es meltorme4@hotmail.com
viernes, marzo 30, 2012
¿QUÉ ES SER HINCHA DEL MUNI?
Si parafrasearamos al Ché podríamos, sin temor a equivocarnos, decir que un hincha del muni, al igual que un revolucionario, es una persona movida profundamente por un sentimiento de amor.
Me pregunto: un hincha del muni que además esté casado ¿Incurrirá directamente en bigamia? Porsupuesto que sí.
La relación del hincha basurero con su quipo, al igual que en un matrimonio, está basada en la fidelidad y, como toda relación, tiene sus momentos de grandes alegrías e infinitas tristezas, euforias, lágrimas y sobresaltos. Pero el amante de la franja, a diferencia del esposo (el ejemplar porsupuesto) gusta de pervertir la relación por lo menos una vez por semana y, claro, si se puede más, tanto mejor.
Aunque nunca sea él quien decida el lugar y la hora de esos encuentros, es siempre el primero en llegar a la cita; infaltable, trayendo consigo todo lo necesario para la celebración de ese amor que lo mueve, para que esos colores se sientan queridos, para que esa franja roja se vista con el orgullo que merece.
Ese amor, que por pervertido es verdadero, es el estado de magia generado por las voces que se juntan en la cancha; estar en la tribuna alentando al muni es como cantar un cumpleaños feliz a un ser querido durante noventa minutos, pase lo que pase, con velas o sin ellas. Es hacerle saber al muni que su existencia alegra la nuestra.
Encuentro justo declarar la guerra al equipo contrario durante un partido porque es una competencia que se juega en dos terrenos: el gramado, el terreno de la concentración y la tensión, y la tribuna, el terreno de la alegría y el canto, del aliento, de las bengalas y el papel picado, del bombo y las banderas. Es ahí donde el hincha basurero cumple su rol de perversión porque perturba el orden, el estado de las cosas. La tribuna es al hincha del muni como el mar a los peces, como la tierra a los gusanos; la tribuna es el hábitad del hincha basurero y la banda su hogar, aunque pueda vivir fuera de ella, siempre estará añorándola.
Lo demás es cualquier cosa, ya defogue de frustraciones, ya terapia antidepresiva da lo mismo, lo cierto es que al hincha del muni se le reconoce porque después de curado es cuando comienza realmente su enfermedad.
Ronald Vega
